El dripping según Jackson Pollock - ¡Un vídeo de pintura acrílica que no te puedes perder!

"Jack, el maestro del dripping" (dripping: goteo de forma aleatoria sobre un lienzo colocado en el suelo), pero también (pouring: colada de pintura desde un bote perforado o un palo), "el gran barrendero de la pintura", "el pintor actor", "el rompehielos", "el laberinto infinito", "el presente ilimitado"… Los apodos de Jackson Pollock (1912-1956) y los calificativos para definir su obra son numerosos. Pero Pollock siempre ha sido cauteloso acerca de la comprensión de su pintura. La asimilación de su trabajo a un gesto o a una técnica pictórica supone, a su modo de ver, una simplificación. Al parecer, prefiere la palabra colada (o pouring, término utilizado en inglés para describir, por ejemplo, una lluvia torrencial) a la palabra goteo (o dripping), ya que la primera se ajusta más a los derrames y salpicaduras abundantes, característicos de su obra. Para enriquecer este pouring, Pollock introduce también diferentes materiales tales como trozos de cuerda, grava, fragmentos de vidrio roto, cigarrillos o incluso los clavos con los cuales sujeta el lienzo al suelo o a la pared, y que se convierten en parte integrante del cuadro. Pero, por mucho que se derrame, se deslice, gotee y se superponga, su pintura no es desordenada. Así lo afirma enfáticamente, rechazando cualquier asimilación al caos. "Damn the chaos!", sentencia. Porque Pollock tiene una idea general de cómo será su obra antes de empezarla: controla sus gestos y rechazaba el accidente. Explorando varios mitos de la creación grecorromana y de otras culturas, como la primitiva o la india, se siente próximo a muchos artistas americanos (Rothko, Newman, Baziotes...) que, a su vez, se definen como creadores de mitos. Estos "myth makers" se reactivan "en una época marcada por la desintegración de los valores tradicionales y del más tradicional de los mitos americanos: el de una historia que se fragua fuera de la Historia, en la inocencia y la virginidad"(*). De este modo, se llega al único mito que da vida siempre a la pintura artística: el del Génesis. La obra artística no tiene principio ni fin, es un presente perpetuo. Por lo tanto, la elección del formato grande, la superficie varias veces recorrida y cubierta por entramados de chorros de pintura que fusionan el color y el trazo en una estructura interna controlada, sugieren un deambular que no tiene nada que ver con la pintura artística y decorativa de caballete. El pintor y la pintura salen de la tela, desbordan del marco, trascienden los límites del tiempo y del espacio... (*) En la revista Americana, n.º 8 - Publicaciones de la Université Paris-Sorbonne.

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