"Le Nu Bleu" de Matisse

"Le Nu Bleu" de Matisse

"Les demoiselles d'Avignon" Pablo Picasso

"Les demoiselles d'Avignon" Pablo Picasso

"Cubismes" or not cubisme

Entrevista  exclusiva con  M. Christian Lassalle, historiador de arte.

Las palabras siempre tienen varios sentidos: si dos conceptos diferentes toman posesión de ellas, pueden servir a teorías que se oponen. Es el caso de la palabra “cubo”-dado para jugar o figura geométrica- y de su derivado “cubismo”.

El nombre « cubismo » es una palabra errónea desde su origen pues provoca la impresión de ser un estilo mucho más geométrico de lo que en realidad es. El mismo Picasso diría que no había cubos en el cubismo. Es hasta después de que las obras de Braque y de Picasso hayan sido calificadas como “cubistas” que algunos artistas van a comenzar a revestir la palabra “cubismo” de teorías que son en su mayoría opuestas a las ideas y trabajos de sus dos “fundadores”.

Intentaremos trazar de manera formalista esta evolución deteniéndonos en la obra de Braque y de Picasso. 

Antes de la existencia de la palabra “Cubismo”, alrededor de 1905-1906, vemos a artistas como Derain, Matisse (“fauves”), Braque o hasta Dufy introducir en sus obras dibujos de líneas discontinuas, entrecortadas, de formas angulares que se oponen a la dinámica de sus colores. Estos pintores atenúan la vivacidad de sus toques y sus gestos con el pincel, pintando más por barras paralelas que por pinceladas curvas, coincidiendo con las zonas en color sólido. En este aspecto están siguiendo su admiración por Cézanne y, al mismo tiempo, los ejemplos opuestos del “puntillismo” de Seurat y del “cloisonismo” de Gauguin.

Es la época en la que la colonización juega un rol para el descubrimiento de las culturas africanas, asiáticas y de Oceanía. Matisse y Derain compran máscaras negras (su primera compra data de 1906) de las cuales ciertos aspectos hieráticos se encuentran en sus esculturas y grabados, sin embargo, es indudablemente en la obra de Picasso que todos esos “primitivismos” se vuelven esenciales en conjunto con sus conocimientos del arte romano y egipcio, al punto de transformar su pintura hacia 1906-1907.

Entre 1900 y 1905, la pintura de Picasso es dominada por una reducción cromática azul. La tonalidad azul, relativamente fría, le da al cuadro su calidad de espacio donde las figuras parecen diluirse. Hacia 1906, una nueva reducción rosa y ocre elimina la precedente. Después de su estancia en el pueblo de Gosol, en Catalunya, Picasso acentúa este empleo de colores terrestres: reminiscencias de España y encarnación que dan a la obra un aire escultural. Ese rosa asociado al redescubrimiento de la cultura romana, al descubrimiento de esculturas ibéricas del siglo IV a.C. y de máscaras o estatuas africanas lleva a Picasso a pintar como si esculpiera o tallara. Esto se aprecia en el retrato de su amiga Gertrude Stein o en sus autorretratos  con aspecto de máscaras.

Picasso radicaliza su posición de ruptura con las tendencias tradicionales y hasta con las recientes como el impresionismo. Exacerba el “salvajismo” visto en el “Nu bleu” de Matisse  o en “Les baigneuses”  de Derain,  realizando en 1907, « Les demoiselles d’Avignon ». En este cuadro, Picasso, iconoclasta, se deshace de sus conocimientos de la gran pintura tradicional. Saca toda sensualidad de sus desnudos femeninos y desgarra todo el espacio que los rodea. Y esto será, según sus propias palabras, su “pintura de exorcismo”, mostrando así el paralelo que efectúa con la función mágica de las máscaras. Esta obra maestra –« drama principal y centro de todos los conflictos que surgen de Picasso » (Breton)  es vista con estupefacción por los que lo rodean.   Braque, que va junto a Picasso desde esta época, va a pintar « Grand Nu »(1908) en el cual se percibe su interés por las « Grandes Baigneuses » de Cézanne.

Braque venía de pintar con anterioridad de una manera muy colorida, como en « fauves ». Reniega y hasta llega a destruir esta pintura, vuelve a los pasos de Cézanne en L’Estaque y propone en el Salón de otoño de 1908 obras que fueron rechazadas. En noviembre de  1908, consigue exponerlas en la recién abierta Galerie de Kahnweiler. El crítico Louis Vauxcelles, retomando  una broma hecha por Matisse en la presentación de las obras en el  Salón de otoño, redacta un pequeño artículo, excepcional a pesar de su ironía, donde aparece la palabra « cubo » : « M. Braque es un joven muy audaz. El ejemplo desconcertante de Picasso y de Derain lo ha envalentonado. Quizás también el estilo de Cézanne y las remembranzas del arte estático de los egipcios lo obsesionan de forma desmesurada. Construye muñecos metálicos y deformes de una simplificación terrible. Desprecia la forma y reduce todo –lugares, figuras y casas- a esquemas geométricos, a cubos.   No nos burlemos, puesto que lo hace de buena fé… y esperemos. » La comparación, ciertamente peyorativa,  con los juegos infantiles (los cubos o dados) es a la vez, a pesar de la crítica, un verdadero hallazgo :    comparación mal intencionada pero efectiva entre los cubos y los colores, las imágenes de facetas que se componen y se descomponen, la visión de crestas, la evocación de movimiento que separa o reúne. La « afortunada » palabra se populariza tanto entre 1908 et 1909 que objetos cúbicos de la vida cotidiana serán comparados peyorativamente con los cubistas, y después, utilizados con humor por los artistas: desde el cubo de “caldo de pollo” hasta el paquete de cigarrillos.

A partir de 1908, Braque y Picasso se verán regularmente, enriqueciéndose uno al otro de manera intensa. Su trayectoria común les conduce incluso a un periodo en el cual ya ni firman sus obras (iniciativa de Braque) ; Braque comparará esta experiencia a la de una cordada de alpinistas.  Su marchante, Daniel-Henri Kahnweiler clasifica hacia 1920 esta trayectoria en diferentes fases.  El considera que la « revolución cubista » (en la cual él incluirá a otros artistas de su « camada » como Léger et Gris) es « la más grande revolución desde el Renacimiento italiano ».